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El aula ideal y la escuela real: ¿Qué se discute cuando se habla de restringir celulares en Formosa?

  • Foto del escritor: Franco Medina
    Franco Medina
  • 2 may
  • 7 min de lectura

Por: Franco Medina


En los últimos años, la escuela empezó a convivir con un fenómeno que reordena, al menos en parte, la forma en que circula el conocimiento. Para algunos, internet está a la altura del aula. Para otros, incluso la supera, en una lógica donde la acumulación de información muchas veces se confunde con aprendizaje. Sin embargo, el aula sigue siendo uno de los pocos espacios donde ese flujo constante de información puede transformarse en pensamiento crítico.


La reciente sanción de la ley que regula los dispositivos electrónicos en Formosa se enmarca en una tendencia global que busca promover un entorno pedagógico adecuado dentro de la escuela. Pero también abre una discusión más profunda: qué lugar ocupa hoy la tecnología, cómo se la integra y hasta dónde alcanza con restringir algo que forma parte de la vida cotidiana. 


En términos concretos, la normativa establece que en el nivel inicial y primario, los estudiantes no podrán llevar dispositivos tecnológicos personales a los establecimientos educativos, salvo excepciones puntuales. En el secundario, podrán tenerlos pero deberán permanecer guardados durante el horario de clases y solo podrán utilizarlos si el docente lo habilita para usos pedagógicos. Durante el recreo quedará definido por los acuerdos de convivencia que cada institución elabore. 


Desde el ámbito legislativo,  la medida se presenta para mejorar la atención, la convivencia y el aprendizaje, basado en estudios que se realizaron en distintos países y que aplican la misma normativa o una similar. “Con toda esa información que obtuvimos de otras experiencias y también basado en la evidencia científica, es que fuimos consensuando entre todos los bloques lo que fueron los criterios generales para después escuchar a todos los sectores”, explica Rodrigo Vera —diputado provincial del Partido Justicialista (PJ)—. El único bloque que votó en contra fue Nuevo País (NP), porque consideran que la solución es deficiente y desconectada de la realidad educativa. Para Ana Costa Ankenbrand —diputada provincial de la Unión Cívica Radical (UCR) y una de las miembros informantes—  es responsabilidad del Estado, en particular de los legisladores, resguardar tanto la salud mental como el proceso educativo de los menores de edad.


Para la UNESCO el uso excesivo de tecnología puede afectar la atención y el aprendizaje, pero también plantean que la solución no es solo prohibir, sino integrar mejor la tecnología en la educación. La alfabetización digital y el pensamiento crítico son cada vez más importantes, sobre todo dado el crecimiento de la Inteligencia Artificial generativa, explica uno de sus informes, y agregan que esta adaptación en las escuelas ya empezó pero solo 11 de los 51 gobiernos encuestados tiene currículos sobre IA. 


Otro punto fuerte en el debate es sobre qué uso le dan los y las adolescentes al celular. Hay cierta tendencia a creer que solo lo usan para distracción o para jugar, pero un estudio del Organismo para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) —encargados de las pruebas PISA— revela que en promedio: el 95% de los jóvenes de 15 años navega en internet por diversión y el 96% lo hace en redes sociales. La mayoría también utiliza dispositivos digitales para comunicarse y compartir contenido digital (88%), buscar información práctica (84%) y jugar videojuegos (83%). Es decir, el celular es una fuente de distracción, pero al mismo tiempo su uso no es solamente superficial.


El Estado tiende a asumir que el adolescente es un sujeto a ser protegido de la pantalla, pero no necesariamente como un sujeto con derecho a usarla para construir su relación con el conocimiento y el mundo digital. 


La discusión también se cruza con las condiciones en las que se da el aprendizaje. A partir de 2024 empezó a haber una mejora, pero Formosa todavía es una de las provincias en donde hay mayor brecha digital. Según datos de la Fundación Pad, el 41,7% de la población de la provincia tiene acceso limitado o nulo a internet en el hogar y casi el 62% no tiene computadora ni tablet. En este contexto, el celular funciona muchas veces como el principal —y en algunos casos único— dispositivo de acceso a la información.


Gráfico: Fundación PAD.


La ley en secundaria habilita el uso pedagógico cuando el maestro o la maestra lo requieran, pero en la práctica ese uso queda condicionado y no siempre va a ser una herramienta de forma sostenida. Por otra parte, estas estadísticas plantean un interrogante: si para muchos estudiantes el celular es el único dispositivo disponible, ¿dónde se aprende a usarlo con responsabilidad y fines educativos si no es en la escuela?


Desde Faro Digital consideran que no alcanza con la restricción, tampoco con la medida de permisión absoluta, ya que la cultura y los territorios digitales tienen que ser objeto de estudio en las aulas para que los estudiantes puedan aprender a relacionarse de manera reflexiva, crítica y creativa con las tecnologías digitales. “El celular, las redes o los videojuegos son entornos, ambientes o territorios sociales que las personas (no solo jóvenes) habitamos, donde nos informamos, construimos sentido del mundo, nos vinculamos con otros, estudiamos, trabajamos, compramos y por supuesto también nos entretenemos. Si no lo pensamos como territorio es difícil tener una postura pedagógica crítica que ayude a nuestros jóvenes”, explica Ezequiel Passeron, director Educomunicación de Faro Digital.


En el aula, el celular no siempre aparece como un problema. La profesora de arte y secretaria general de Docentes Autoconvocados, Mirka Fernández, cuenta que cuando daba clases el celular fue una herramienta pedagógica importante, porque a través de alguna aplicación los alumnos podían jugar con imágenes y sacar producciones maravillosas. También lo usaban si un alumno no tenía para pagar la fotocopia del libro, sacaban foto y podían leer el texto todos al mismo tiempo. “Yo siempre he trabajado desde la visión que el joven o niño es un sujeto de derecho, que comprende y entiende cuando uno es claro con ellos. Merece nuestra confianza y, en ese sentido, yo les he brindado la posibilidad de utilizar esta herramienta y a dado muy buenos resultados en algunos casos. También se de otros docentes que lo utilizan de esa manera”.


La norma también establece que, bajo monitoreo y evaluación del ministerio de Cultura y Educación, cada institución educativa establezca sus propios códigos de convivencia con respecto al uso de los dispositivos tecnológicos. Estos acuerdos ya existen desde hace un tiempo para que haya un bienestar común, deberían ser acordados entre directores, padres, docentes y alumnos, pero en la práctica no siempre se sostienen.


Mirka advierte que esto requiere compromiso, pero no todas las partes lo respetan: “En la mayoría de los casos son los padres los que lo rompen el código de convivencia al ir contra el docente, cuando su hijo no aprobó, cuando le piden que guarde el celular en el bolso o en otras cuestiones. Vos podes tener el acuerdo más extraordinario y bonito que se te ocurra pero hay partes que conforman esa comunidad educativa que lo rompen sin problema”. Por otra parte, diferentes padres y alumnos, de distintas edades y escuelas consultados para esta publicación, dijeron que, en sus casos, los acuerdos de convivencia lo deciden directamente desde la dirección.


Como se mencionó anteriormente, desde la UNESCO y Faro Digital plantean que lo digital debería ser un objetivo de estudio, aplicado en las aulas de forma transversal. “Entendemos lo digital no como un medio, sino como un territorio social. Hace falta mucha formación, comprender cómo funcionan las tecnologías (el sistema DAP-datos, algoritmos y pantallas) en vías de poder incorporar estas nociones en clase, pero también para poder estar atentos ante un eventual problema”, dice Ezequiel Passeron.


Con respecto a esto, la ley sancionada en Formosa prevé campañas de sensibilización y formación, además de capacitación docente sobre el uso pedagógico de los dispositivos tecnológicos personales. Rodrigo Vera explica que apuntan a algo más específico, porque no hay uniformidad de criterios en cuanto al uso del celular en clases, algunos docentes están de acuerdo y otros no, entonces se plantean las capacitaciones para brindarles información y herramientas a esos docentes. Para Ana Costa Ankenbrand, todo lo que es educación emocional ya se trabaja en forma transversal: “En cada una de las actividades que uno tiene, tiene la oportunidad el docente de conversar sobre diversos temas, más allá de eso, también hay programas específicos como para cada problemática como las apuestas, el bullying, el acoso”.


Mirka Fernández se diferencia de esto y explica que dentro de las escuelas no hay herramientas ni tiempo, porque el docente no solamente tiene que dar clases, también prepara y sirve la leche, ve como hacer para mantener la limpieza de la escuela, aparte de tener sus cuestiones personales y económicas. “Estas problemáticas se van hablando a medida que van surgiendo, que va estallando en el aula y cada vez estallan más seguido. En ese sentido hay que sacarse el sombrero con los docentes, maestros y maestras que tenemos en el aula, tienen una vocación extraordinaria, tanto que nos exigen vocación”, remarca. 


En este escenario complejo, el celular y otros dispositivos electrónicos ya forman parte de la vida cotidiana de todos, no solo de los estudiantes, por lo que distintos especialistas coinciden en que la familia tiene un rol clave en la educación digital, no se limita solo a la escuela. 

Sin un acuerdo mínimo entre las partes sobre cómo y cuándo usar esa tecnología, sumado a un contexto de mejoras laborales docentes, ninguna ley alcanza por sí sola. Podría ordenar el aula pero difícilmente pueda resolver un problema que también se construye afuera.


“Lo ideal es que haya una total coincidencia entre las reglas que se van a aplicar en la escuela y luego los criterios que utilicen las familias, pero eso queda dentro de la decisión de cada uno”, dice Rodrigo Vera. En esa misma línea, desde Faro Digital señalan que acompañar, generar confianza y abrir espacios de diálogo sigue siendo la herramienta más efectiva para prevenir.


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